El encuentro comenzó dormido y faltaba el ritmo y el carburante que las últimas semanas acompañaba al equipo, un comienzo que recordaba al 86ers de las primeras jornadas, hasta tal punto que el Maliayo consiguió abrir el marcador. Hubo aquí el punto de inflexión, volvió la chispa, la actitud del equipo cambió y pudimos ver al Gijón de verdad, el equipo que mima la pelota, el que juega con la cabeza fría, al que no le tiemblan las piernas cortando balones, y fue de esta manera como el equipo llegó al descanso con ventaja mínima en el marcador, escaso resultado debido en parte al despliegue y colocación de los visitantes que supieron aguantar el arreón naranja.
En la segunda parte el 86ers sabía qué tenía que hacer, jugar como siempre y dar la puntilla a los de Villaviciosa, y así parecía que iba a ser, todo iba viento en popa, hasta que el nerviosismo y desesperación en ambos equipos comenzó, se empezó a ver un juego más duro e intenso por parte de ambos, y el Maliayo se acercaba cada vez más al empate, el árbitro no supo controlar el partido, hasta tal punto que una fea entrada de la defensa maliaya supuso la expulsión de uno de sus jugadores, dejando al Maliayo los últimos minutos con un jugador menos, ante esta situación los de Villaviciosa decidieron morir matando y fueron a por todas. Ahí se volvió a ver a un débil Gijón que no supo si mantener el resultado y aguantar el empuje o salir a rematar el partido, tal indecisión pasó factura al equipo que vio como el Maliayo empataba a falta de 5 minutos y los locales se quedaban sin ideas y sin dos valiosos puntos, seguro que a la memoria se les vinieron viejos fantasmas de partido anteriores.
Aun así buena imagen de un equipo que sigue sin perder y que tiene más ánimos y ganas de victoria que nunca, aunque no siempre se pueda conseguir como fue el caso. Los ojos del club sólo pueden apuntar ahora a la tarde de el sábado en El Berrón a las 17.30 donde se pide la comparecencia y el apoyo de todos los socios y seguidores de este club.
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